Secretos del Sur de la ciudad Parte II
24/03/2013
El párrafo siguiente,
empezó con un te quiero camuflado que no esperaba
en el última o primera noche del año.
Te ví como nadie te miraba,
y a eso, tampoco pude hacerle nada.
Tu voz resonando entre poca luz y menos orgullo
entró en lo más profundo de mis poesías tristes
y como ya dije,
no pude hacerle nada.
No ajusté cuentas,
no dibujé oscuras rosas,
ni pagarés,
ni deudas.
Decidí beberme tus lágrimas,
llenas del alcohol y noches,
repletas de errores e insolentes miradas
de imbéciles de traje y cubata.
Después solamente doblé las rodillas
y pedí un deseo;
que esa chica borracha y triste
que apenas se sostenía y se caía por las escaleras de aquella fiesta
se convirtiera en mi costumbre
y en mis vaqueros
y en mi camisa.
Cuando decidimos acabar la noche
y la ví corriendo por el andén del metro
sin tacones y menos equilibrio
con el rimel corrido
y las medias rotas
casi sin vestido por mis tirones de falda
y mi manos en su culo;
entonces, ahí,
la ví más preciosa que nunca.
Mujer, que bonita estabas.
No recuerdo si te lo dije,
pero lo escribí a fuego y sangre
y alzé al viento casi cien poemas
mientras venías del baño
con cara de te quiero o de lo contrario.
Y tras unos gemidos atolondrados,
tras unos te quieros tan solo abrazados,
tu deuda me besó en la mejilla
y a partir de ese momento
los relojes se pusieron a cero.
Aunque por dentro yo sabía que dibujaba paisajes de cuenta atrás.
Ese fue el principio del final.