Oda a Neruda

 Oda a Neruda

 Berlín, 2011





Inclinado al amanecer arrojo mi verdad; 
embriagado de la noche que blanquea espigas sobre el campo.
Galopa la noche
esparciendo errante el polvo de estrella, 
que con tempestad y remolino de furia
acarrea el incendio del blanco lirio.

Mi corazón golpea sin cesar;
como el viento de los sepulcros, hiere
y dispersa tu raíz adormecida
pero, cae la hora del dolor, y te amo.
Oscuro y eterno cauce donde mi ansia sigue,
donde mi fatiga, sigue; y más aún, acaba.

Donde se descuelgan las danzantes figuras
en las nieblas del ocaso, 
te amo.

Y más, cuando te vuelve a ocultar el horizonte en vano,
lo derribo, con el peso grave de mis besos 
en el lugar donde la luna gira
interminable,
anudada
y definitiva.



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