De horas y errores malvestidos





Horas,
en las que los relojes de la despedida
 nos maltratan con su sonrisa.

Horas,
en las que una ligera brisa
de violencia y desconcierto
ensalza los errores malvestidos
y nos muestra, de manera irrefutable,
los suspiros que no dimos,
las razones que dejamos en el camino;
una a una,
las confidencias impacientes que nos guardamos,
las presunciones de castigo
que nos condenan
hoy más que nunca
a la inocencia del latido primigenio.

Es en esas horas, 
en las que la identidad de posesión que me pides
suenan a espantosa pausa;
a la que queda, entre el giro de cabeza
y el sonido absurdo que dejas tras puerta.

Y es que, en esas horas, 
me siento como marioneta de sombras,
crueles y conformistas
ante la elegancia de una crisis que perpetúas
absorbiendo identidades de sueño y de poesía;
en lluvias metafísicas
que me hacen sentir, a la vez,
bello y encarcelado.

Si, en esas horas; 
en las que la dialéctica
le escupe a la cara
a la orden irreductible de nuestro tiempo.

En ésas,
cuando vuelven a irrumpir
los sarcasmos del privilegio de no tenerte;
cuando de nuevo
defino las polémicas de injusta legalidad
sobre la mutuación final;
la tuya,
la mía,
la nuestra.

Ahí es dónde me encuentro.

 En esas horas.







This entry was posted on martes, 20 de agosto de 2013 and is filed under ,,,,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

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